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viernes, 15 de mayo de 2009

CIC BATÁ CELEBRA EN CUBA SUS 15 AÑOS

En el año 2008 Miguel Rosán y Pilar Barrionuevo, dos fotógrafos profesionales, amigos y colaboradores de CIC Batá, viajaron a Cuba para realizar un reportaje fotográfico sobre los procesos que apoyamos en el país. Les propusimos que tratasen de retratar la esencia de una comunidad singular (antiguo batey azucarero, hoy reconvertido en una zona de floreciente desarrollo agropecuario, cuyos habitantes actuales son descendientes directos de los esclavos traídos a la fuerza para trabajar en la caña de azúcar hace más de 200 años) y, en particular, que tratasen de captar el esfuerzo realizado por sus habitantes para salir adelante, esfuerzo que desde CIC Batá llevamos constatando desde que en el año 2005 iniciáramos una intensa y enriquecedora etapa de trabajo con ellos.

La presentación del resultado de esta iniciativa se realizó el pasado mes de marzo en Pinar del Río y se hizo en el marco de una actividad cultural que contó no solo con la exposición fotográfica sino también con la proyección de varios documentales y la actuación de dos grupos de la zona que sorprendieron por sus innovadoras propuestas: “1802” por ser un grupo que pretende expresar y mantener las manifestaciones culturales y artísticas heredadas de los esclavos africanos a través de cantos y bailes propios de la cultura afrocubana y del sincretismo religioso, y “Toques del Río” por fusionar de una forma innovadora y original el flamenco con los sones propios de Cuba, logrando así poner en valor una buena parte de ambas culturas, la cubana y la andaluza.


Con la puesta en marcha de esta actividad en varios lugares de Pinar del Río logramos hacer un merecido homenaje a las personas que han hecho posible el proceso de trabajo en el que hemos estado inmersos en los últimos años en Cuba y, además, logramos celebrar nuestros 15 años de existencia nada menos que en el lugar que nos vio nacer (Batá es el nombre de un tambor cubano, de origen africano, y simboliza nuestra intención de crear un lazo de solidaridad y amistad con Cuba) y junto con las personas y entidades cubanas que nos han acompañado desde el principio.

15 años después de que un grupo de amigos decidiera constituirse como “Centro de Iniciativas”, mostrando ya con este nombre un interés por construir de manera abierta y colectiva, hemos podido constatar que en Pinar del Río somos tratados, considerados y vistos como aliados y compañeros, más que como parte del esquema formal de la cooperación internacional, lo que constituye un logro y un orgullo para nosotros. Construir conjuntamente con el Poder Popular y la Delegación de Cultura de Pinar del Río (con la colaboración económica de la Embajada de España en Cuba) una actividad tan simbólica y cargada de contenido y emociones como ha sido esta exposición ha contribuido a fortalecer nuestros lazos de unión y a consolidar nuestra admiración por la capacidad de lucha, de esfuerzo y de superación del pueblo cubano, al lado del cual esperamos poder cumplir muchos más años.


Marta Barreira Sevillano
Técnica Delegada de CIC Batá en Cuba

CUBA y la reconversión azucarera: de la esclavitud a la cooperación


En 1810 se fundó la Hacienda azucarera María Luisa, en el Municipio de Bahía Honda, al noroeste de la Provincia de Pinar del Río. En ese tiempo Cuba, como gran parte de Latinoamérica, era una colonia española. Esta etapa de intervencionismo tuvo, para todos los países que la sufrieron, una cara y una cruz. En el caso cubano, la cara fue el desarrollo industrial azucarero (entre otros) y la cruz, la explotación sin límite de los recursos naturales y de las personas, en su mayor parte esclavos traídos a la fuerza desde diversos países de África.

No es hasta después de 1959 que el Gobierno cubano comienza a responsabilizarse directamente de los “Bateyes” azucareros, y no solo de los beneficios que le reportan. Así, la hacienda María Luisa, luego llamada Orozco, pasa a llamarse Pablo de la Torriente Brau y sus trabajadores pasan a ser empleados del estado y a disponer de una serie de servicios para ellos y sus familias (salud, educación, transporte, etc.). El Pablo de la Torriente Brau se organiza como un Central Azucarero Industrial (CAI) estatal, bajo la supervisión del Ministerio del Azúcar, y la casa de los antiguos propietarios de la Hacienda se convierte en la “Casa del Trabajador Azucarero”, un centro social y cultural que tiene sus puertas abiertas para toda la comunidad, aunque ya no goce del esplendor de épocas pasadas.

Las siguientes décadas fueron florecientes para el MINAZ. Se mejoraron las infraestructuras de los “Bateyes” e industrias existentes y se construyen nuevos CAI. El azúcar se convirtió en el rubro de exportación por excelencia del país y la Unión Soviética, en su principal compradora y proveedora de maquinaria y recambios. El MINAZ creció imparable hasta convertirse en uno de los Ministerios más importantes de Cuba. La vida en el Batey mejoró sustancialmente y el mestizaje dio paso a una nueva generación de negros, blancos, mulatos y “jabaos” que mezclaron impecablemente la religiosidad africana con la cristiana y las tradiciones heredadas con las adquiridas, dando lugar a un Consejo Popular carismático y poco usual en esta zona del país.

En los años 90, tras la caída del bloque socialista de Europa del Este y de la Unión Soviética, Cuba entró en su “periodo especial”, una de las etapas más duras de su historia reciente en la que perdió a sus principales compradores y proveedores y se quedó prácticamente sola ante un panorama internacional hostil, lleno de países que anhelaban la debacle de su sistema sociopolítico. En esta etapa Cuba perdió el 87% de sus relaciones económicas, sociales y técnicas a nivel internacional y el sector azucarero fue uno de los más afectados ya que comenzó a disminuir la cantidad y calidad de su producción, circunstancia a la que debemos sumar la caída del precio del azúcar en el mercado internacional y el bloqueo estadounidense agudizado por la aplicación de dos nuevas leyes (Torricelly en 1992 y Helms-Burton en 1996).

El gobierno cubano se vio obligado, entonces, a reestructurar su industria azucarera y entre los años 2000 y 2003, cesaron su actividad 70 de los 155 Centrales Azucareros Industriales existentes en el país. El 62% de las áreas agrícolas nacionales dedicadas a la siembra de caña fueron destinadas a uso agropecuario. Así dio inicio la “Reconversión de la Industria Azucarera”, un proceso que afectó a nivel nacional a 100.000 trabajadores cañeros y a 60.000 técnicos medios y superiores, y sus familias (lo que suma cerca de un millón de personas) con los que el gobierno adquirió un compromiso económico, social y humano.

La chimenea del Pablo de la Torriente Brau fue una de las muchas que el 1 de enero de 2003 dejaron de liberar el humo proveniente de la quema de caña de azúcar, pasando desde ese momento a convertirse en el símbolo por excelencia de un Consejo Popular que iniciaba un complejo proceso de cambio. En este proceso la actividad productiva e industrial que había protagonizado la vida en la zona durante cerca de 200 años dio paso a la actual actividad agropecuaria y forestal. Pero no fue sencillo…

…Cientos de trabajadores tuvieron que ser reorientados a nuevos puestos de trabajo, muchos de ellos requirieron de formación especializada y todos necesitaron un periodo de adaptación para asumir el cambio no solo desde el punto de vista laboral y económico, sino también a nivel de identidad, motivación y esperanza porque no cabe duda que la fe y la paciencia han sido aspectos imprescindibles en este proceso.

De las cerca de 3.000 personas que vieron peligrar su puesto de trabajo, su futuro y su pasado, con el cierre del CAI Pablo de la Torriente Brau, más del 95% han sido reubicadas en la Empresa Agropecuaria estatal constituida en su lugar y todas ellas en la actualidad se sienten satisfechas con un proceso de reconversión que no ha sido sencillo pero que se ha llevado a cabo con éxito gracias a una enorme voluntad política y al esfuerzo colectivo de los 8.000 habitantes del Consejo Popular.

El recuerdo del pasado mágico, sincrético y religioso que siempre está ligado al azúcar pervivirá en los corazones de los que tienen sangre africana, pervivirá en la chimenea que se alza majestuosa, resistiendo el embate de los huracanes, pervivirá en la Ceiba donde cuentan algunos que se hacían rituales el día antes de que comenzara la zafra porque “el Central pedía sangre para dar un buen azúcar”, pero lo cierto es que el Pablo de la Torriente Brau ha iniciado ya una nueva etapa en su agitada historia.

Para CIC Batá la reconversión azucarera es, más que otras cosas, un ejemplo efectivo de lucha antiglobalización. Un país no puede depender de los rubros de exportación, de las ayudas externas ni del capital exterior. Un país debe luchar por su capital interno, humano, social y alimentario, algo que desde Cuba y a través de este carismático proceso de reconversión, nos han demostrado que es totalmente posible.

Hoy, 6 años después del comienzo de este proceso, de lo que fue la Hacienda María Luisa solo queda la Casa del Trabajador Azucarero y la centenaria Ceiba que aún se mantiene en su patio trasero y de lo que fue el CAI solo queda la chimenea, en recuerdo y homenaje a su pasado.

Hoy la nueva Empresa Agropecuaria ofrece empleo estable a los trabajadores del antiguo CAI, ofrece alimentos a todos los habitantes del Consejo Popular y hasta del Municipio, pero sobre todo ofrece la posibilidad de creer que la soberanía alimentaria es una alternativa real, efectiva, posible y positiva cuando existe voluntad para favorecer la producción y la alimentación a nivel local, haciendo prevalecer las capacidades y las necesidades del pueblo frente a las demandas del exterior.


Marta Barreira Sevillano – Responsable de CIC Batá en Cuba


Todas las fotografías han sido realizadas por los fotógrafos profesionales españoles, colaboradores de CIC Batá: Pilar Barrionuevo y Miguel Rosán.

Con la colaboración de:
Embajada de España – Agregaduría Cultural, Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo, MINVEC, MINAZ, Poder Popular de Bahía Honda y Pinar del Río, Consejo Popular Pablo de la Torriente Brau, Empresa Agropecuaria Pablo de la Torriente Brau, GTP PDHL Pinar del Río, Grupo “1802”, Pilar Barrionuevo, Miguel Rosán y CIC Batá